Aquí en el jardín.

9 ago 2023

Aquí yo.

 Amigos,paso a contarles que me he desaparecido un poco de los blogs y es que cuando uno tiene una amiga,pero una amiga de verdad y de pronto la vida le da un mazaso,se nos sacude el alma.

Tengo una amiga que le han dado un diagnostico muy feo y la verdad que a mi me ha desarmado bastante.

Hay fe de recuperación pero no va a ser nada facil y la verdad se me han quitado las ganas de escribir.

Hoy luego de visitarla en sanatorio,he juntado un poco de fuerzas y ando vagando por un lado y otro.

Se los abraza y se los quiere,cariños abrazos

Fiaris.


1 ago 2023

La rosa y el sapo.

  Cuenta que esta era una rosa roja y todo el mundo comentaba que no había flor más bella que esa en el jardín. La rosa se emocionaba cuando la halagaban. Sin embargo, quería que la vieran más de cerca y no entendía por qué todos la observaban a distancia.

Rosa roja

Un día notó que a sus pies siempre estaba un enorme y oscuro sapo. En verdad no tenía nada de guapo, con su color opaco y sus feas manchas. Además, sus ojos eran demasiado saltones y asustaba a cualquiera. La rosa comprendió que la gente no se acercaba debido a ese animal.

De inmediato, le ordenó al sapo que se marchara. ¿No se daba cuenta de que le daba mala imagen? El sapo, muy humilde y obediente, aceptó de inmediato. No quería incomodarla y entonces se marchó lejos.

A los pocos días, la rosa comenzó a deteriorarse. Sus hojas y sus pétalos empezaron a caerse. Ya nadie quería mirarla. Pasaba una lagartija cerca y vio a la rosa llorando. Le preguntó qué le pasaba y ella contestó que las hormigas estaban acabando con ella. Entonces la lagartija dijo lo que la rosa ya sabía: “Era el sapo quien se comía las hormigas

17 jul 2023

"Mi abuela me decía:

 


En la vida ni se gana ni se pierde,
ni se fracasa
ni se triunfa.
En la vida se aprende,
se crece,
se descubre,
se escribe,
se borra.
Y se reescribe otra vez,
se hila,
se deshila y
se vuelve a hilar.
El día que comprendí
que lo único que me voy a llevar es lo que vivo,
empecé a vivir lo que me quiero llevar.
Poesía Purépecha (autor desconocido)

12 jul 2023

El taxista y la anciana.




 Cuentan que un taxista de Nueva York llegó a la dirección desde la que habían solicitado sus servicios y tocó el claxon.

Después de esperar unos minutos volvió a tocar el claxon.
Como esa iba a ser la última carrera de su turno, pensó en marcharse, pero en su lugar, estacionó el automóvil y caminó hacia la puerta y llamó...
"Un minuto", respondió una frágil voz de anciana.
El taxista oyó algo que se arrastraba a través de la puerta.
Después de una larga pausa, la puerta se abrió.
Una pequeña mujer de unos 90 años estaba de pie ante el taxista.
Llevaba un vestido estampado y un sombrero con un pequeño velo, como alguien sacado de las películas de los años 40.
A su lado había una pequeña maleta de nylon.
El apartamento parecía que no había sido habitado durante años.
Los muebles estaban cubiertos con sábanas.
No había relojes en las paredes, ningún chisme ni utensilio en los mostradores.
En el rincón había una caja de cartón llena de fotos y cristalería.
"¿Sería tan amable de llevarme la maleta al coche?", dijo.
El taxista llevó la maleta al taxi y regresó para ayudar a la anciana.
Ella se agarró a su brazo y lentamente caminaron hacia la acera.
La anciana no paraba de agradecer la amabilidad del taxista.
"No es nada", le dijo, "Solo intento tratar a mis clientes del modo en que me gustaría que trataran a mi madre".
"Oh, usted es un buen muchacho", dijo ella.
Cuando se metieron en el taxi, ella le dio una dirección y entonces le preguntó al taxista:
"¿Le importaría llevarme por el centro?"
"No es el camino más corto", respondió rápidamente el taxista.
"Oh, no me importa", dijo ella, "No tengo ninguna prisa. Voy de camino a un hospicio".
El taxista miró por el retrovisor.
Los ojos de la anciana brillaban.
"No me queda familia ninguna", prosiguió con una suave voz. "El médico dice que no me queda mucho tiempo."
El taxista extendió el brazo lentamente y paró el taxímetro.
"¿Qué ruta quiere que tome?", preguntó.
Durante las siguientes dos horas, dieron vueltas por la ciudad. Ella le enseñó al taxista el edificio donde años atrás había trabajado de ascensorista.
Pasaron por el barrio donde ella y su esposo había vivido de recién casados.
La anciana le hizo parar frente a un almacén de muebles que una vez había sido un salón de baile en el que ella había bailado de niña.
Algunas veces, la anciana le pedía que aminorara la marcha enfrente de algún edificio o esquina en concreto y se sentaba mirando fijamente en la oscuridad sin decir nada.
Cuando el primer esbozo de los rayos de sol aparecían por el horizonte, ella dijo de repente:
"Estoy cansada. Vámonos ya".
El taxista condujo en silencio hacia la dirección que ella le había dado.
Era una edificio bajo, como un pequeño sanatorio, con una camino de entrada que pasaba por debajo de un pórtico.
Dos camilleros salieron tan pronto como pararon.
Eran solícitos y resueltos, observando cada movimiento de ella.
Debían de haber estado esperándola...
El taxista abrió el maletero y llevó la maletita hasta la puerta.
La mujer ya estaba sentada en una silla de ruedas.
"¿Qué le debo?", preguntó buscando en el monedero.
"Nada", dijo el taxista.
"Por favor, tiene que ganarse la vida", respondió ella.
"Hay más clientes", respondió el taxista.
Casi sin pensar, el taxista se inclinó y le dio un abrazo.
Ella se abrazó a el fuertemente.
"Usted ha dado a una vieja un pequeño momento de alegría", dijo ella. "Gracias".
El taxista caminó hacia la tenue luz de la mañana...
Detrás de él se cerró una puerta.
Fue el sonido del cierre de una vida.
El taxista no recogió ningún cliente más en aquel turno.
Condujo sin dirección alguna sumido en sus pensamientos. Durante el resto de aquel día, apenas pudo hablar.
¿Qué hubiera ocurrido si a aquella señora le hubiese tocado un taxista furioso o impaciente por terminar el turno?
¿Qué hubiera ocurrido si él se hubiera negado a hacer la carrera o si solo hubiese tocado el claxon una vez y se hubiera marchado?
Entonces pensó que no había hecho nada más importante que aquello en su vida.
➡ Estamos condicionados a pensar que nuestras vidas giran alrededor de grandes momentos.
Pero los grandes momentos muchas veces nos pillan desprevenidos y por sorpresa, envueltos maravillosamente en lo que otras personas considerarían un momento sin importancia.

7 jul 2023

Cada persona un mundo.Copiado de internet,pero totalmente de acuerdo.




 La culpa viene cuando te dicen; es tu papá, es tu mamá, es tu abuela, es tu tía, es tu tío, familiares cercanos y lejanos, y los que van llegando, Tienes que hablarles... Te dicen... Error, no estás obligado a hablarle y hacer como si no ha pasado nada, cuando de frente te dan una cara y por la espalda te están comiendo, eso es pura maldad.

No romanticemos a la familia, la familia que te ama, no te hiere, no te usa, no te ataca, no te traiciona y mucho menos habla e inventa historias de ti.
Y si hay personas que conviven con ellas porque así lo quieren y porque lo aceptan, no quieren meterse en líos y pues es su decisión.
Cortar con lazos familiares es lo más sano que podrás hacer en esta vida.
No te pueden juzgar por esa decisión.
Te abrazo con el alma, porque es una difícil decisión y más cuando eres juzgado, por tomar esa decisión.
Es lo más liberador que podrás hacer por ti y tu generación.
Fiaris por decisión propia bloguera por casualidad.