Aquí en el jardín.

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12 jul 2023

El taxista y la anciana.




 Cuentan que un taxista de Nueva York llegó a la dirección desde la que habían solicitado sus servicios y tocó el claxon.

Después de esperar unos minutos volvió a tocar el claxon.
Como esa iba a ser la última carrera de su turno, pensó en marcharse, pero en su lugar, estacionó el automóvil y caminó hacia la puerta y llamó...
"Un minuto", respondió una frágil voz de anciana.
El taxista oyó algo que se arrastraba a través de la puerta.
Después de una larga pausa, la puerta se abrió.
Una pequeña mujer de unos 90 años estaba de pie ante el taxista.
Llevaba un vestido estampado y un sombrero con un pequeño velo, como alguien sacado de las películas de los años 40.
A su lado había una pequeña maleta de nylon.
El apartamento parecía que no había sido habitado durante años.
Los muebles estaban cubiertos con sábanas.
No había relojes en las paredes, ningún chisme ni utensilio en los mostradores.
En el rincón había una caja de cartón llena de fotos y cristalería.
"¿Sería tan amable de llevarme la maleta al coche?", dijo.
El taxista llevó la maleta al taxi y regresó para ayudar a la anciana.
Ella se agarró a su brazo y lentamente caminaron hacia la acera.
La anciana no paraba de agradecer la amabilidad del taxista.
"No es nada", le dijo, "Solo intento tratar a mis clientes del modo en que me gustaría que trataran a mi madre".
"Oh, usted es un buen muchacho", dijo ella.
Cuando se metieron en el taxi, ella le dio una dirección y entonces le preguntó al taxista:
"¿Le importaría llevarme por el centro?"
"No es el camino más corto", respondió rápidamente el taxista.
"Oh, no me importa", dijo ella, "No tengo ninguna prisa. Voy de camino a un hospicio".
El taxista miró por el retrovisor.
Los ojos de la anciana brillaban.
"No me queda familia ninguna", prosiguió con una suave voz. "El médico dice que no me queda mucho tiempo."
El taxista extendió el brazo lentamente y paró el taxímetro.
"¿Qué ruta quiere que tome?", preguntó.
Durante las siguientes dos horas, dieron vueltas por la ciudad. Ella le enseñó al taxista el edificio donde años atrás había trabajado de ascensorista.
Pasaron por el barrio donde ella y su esposo había vivido de recién casados.
La anciana le hizo parar frente a un almacén de muebles que una vez había sido un salón de baile en el que ella había bailado de niña.
Algunas veces, la anciana le pedía que aminorara la marcha enfrente de algún edificio o esquina en concreto y se sentaba mirando fijamente en la oscuridad sin decir nada.
Cuando el primer esbozo de los rayos de sol aparecían por el horizonte, ella dijo de repente:
"Estoy cansada. Vámonos ya".
El taxista condujo en silencio hacia la dirección que ella le había dado.
Era una edificio bajo, como un pequeño sanatorio, con una camino de entrada que pasaba por debajo de un pórtico.
Dos camilleros salieron tan pronto como pararon.
Eran solícitos y resueltos, observando cada movimiento de ella.
Debían de haber estado esperándola...
El taxista abrió el maletero y llevó la maletita hasta la puerta.
La mujer ya estaba sentada en una silla de ruedas.
"¿Qué le debo?", preguntó buscando en el monedero.
"Nada", dijo el taxista.
"Por favor, tiene que ganarse la vida", respondió ella.
"Hay más clientes", respondió el taxista.
Casi sin pensar, el taxista se inclinó y le dio un abrazo.
Ella se abrazó a el fuertemente.
"Usted ha dado a una vieja un pequeño momento de alegría", dijo ella. "Gracias".
El taxista caminó hacia la tenue luz de la mañana...
Detrás de él se cerró una puerta.
Fue el sonido del cierre de una vida.
El taxista no recogió ningún cliente más en aquel turno.
Condujo sin dirección alguna sumido en sus pensamientos. Durante el resto de aquel día, apenas pudo hablar.
¿Qué hubiera ocurrido si a aquella señora le hubiese tocado un taxista furioso o impaciente por terminar el turno?
¿Qué hubiera ocurrido si él se hubiera negado a hacer la carrera o si solo hubiese tocado el claxon una vez y se hubiera marchado?
Entonces pensó que no había hecho nada más importante que aquello en su vida.
➡ Estamos condicionados a pensar que nuestras vidas giran alrededor de grandes momentos.
Pero los grandes momentos muchas veces nos pillan desprevenidos y por sorpresa, envueltos maravillosamente en lo que otras personas considerarían un momento sin importancia.

30 abr 2023

"Dicen"

imagen de internet.

 Con el paso del tiempo la vida te enseña.

Hay que buscar el lado bueno de las cosas"dicen"

Recuerda todo pasa por algo"dicen"

Pero.........no siempre es así.

Aquello de todo se puede"dicen"

Fiaris.

6 abr 2023

Si.


Atardecer en mi lugar.


 Si amas lo que haces,el trabajo saldrá genial!

Si crees en ti,siempre habrá como salir a flote.

Si todo te parece que viene en contra tuyo,deberías recordar que los aviones despegan con viento en contra.

Si te sientas a mirar,nunca veras nada diferente.

Fiaris.

23 jun 2021

Se aprende.


Foto propia


 He aprendido que grandes amigos pueden volverse grandes desconocidos. Que grandes desconocidos pueden volverse mejores amigos. Que nunca acabamos de conocer a una persona. Que el "nunca más", se cumple, y el "para siempre", acaba. Que el que quiere, puede, y lo consigue. Que el que no arriesga no pierde, pero tampoco gana nada. Que el físico atrae, pero la personalidad enamora!!

¿TU también has aprendido?

Fiaris

7 jun 2021

El hombre de dos edades.



El hombre entre dos edades, una fábula de Jean de La Fontaine

Un hombre de mediana edad, cuyo pelo empezaba ya a mostrar bastantes canas, decidió que ya era hora de casarse. Tenía este hombre una gran fortuna, y todos lo sabían en aquella pequeña aldea. Así que interesadas no le faltaron en cuanto se corrió la voz de que buscaba mujer para compartir sus bienes.

Sin embargo, el hombre de mediana edad solo veía interés en todas ellas, y rechazaba una y otra a diario. Hasta que conoció a dos mujeres, dos viudas, que parecían, a simple vista, que su fin no era otro que ofrecer cariño.

Una de estas mujeres era muy joven. Fresca y lozana y muy dulce en el trato. La otra, mucho más mayor, era casi anciana, pero había aprendido a reparar muy bien las ‘taras’ que dejan los años, y lucía radiante igualmente.

Las dos se pasaban el día adulando al buen hombre y ofreciendo cariño. Pero cuando la mujer más joven estaba con él, y acariciaba su pelo, iba arrancando una a una las canas, para que él pareciera más joven. Sin embargo, cuando estaba con la mujer más mayor, le arrancaba sus pelos más oscuros, para que se pareciera más a ella, que ya tenía el pelo blanco.

Y entre una y otra, al final le dejaron calvo. Fue entonces cuando se dio cuenta del error que estaba a punto de cometer, y sin más, anunció a las dos que no se casaría con ninguna.

Moraleja: «No te fíes de las apariencias, ni dejes que otros quieran gobernarte»

13 ene 2018

Generalmente.




Jazmín del país de aquí en casa.

Generalmente nos molestamos
cuando la gente nos busca 
solamente cuando nos necesita.
Pero hay que ponerse a pensar,
deberíamos sentirnos privilegiados,
seremos la luz que alumbra su oscuridad.

Fiaris.

3 oct 2015

El milagro de la vida.





“Un hombre se le acercó a un sabio anciano y le dijo: -Me han dicho que tú eres sabio…. Por favor, dime qué cosas puede hacer un sabio que no está al alcance de las demás de las personas. El anciano le contestó: cuando como, simplemente como; duermo cuando estoy durmiendo, y cuando hablo contigo, sólo hablo contigo. Pero eso también lo puedo hacer yo y no por eso soy sabio, le contestó el hombre, sorprendido.
Yo no lo creo así, le replicó el anciano. Pues cuando duermes recuerdas los problemas que tuviste durante el día o imaginas los que podrás tener al levantarte. Cuando comes estás planeando lo que vas a hacer más tarde. Y mientras hablas conmigo piensas en qué vas a preguntarme o cómo vas a responderme, antes de que yo termine de hablar. El secreto es estar consciente de lo que hacemos en el momento presente y así disfrutar cada minuto del milagro de la vida.”

Extraído de la red.
Fiaris por decisión propia bloguera por casualidad.